Anoche vi “Mi vida sin mí” de Isabel Coixet, una historia realmente conmovedora sobre una chica de 23 años que tiene una vida más bien normalita tirando a pobre (vive en una autocaravana con sus dos hijas y su marido y primer novio, en el jardín de la casa de su madre y trabaja de noche limpiando los pasillos de una universidad), cuando casi de casualidad se entera de que padece cáncer. Sin encomendarse a nadie, ni siquiera a su marido, comienza a hacer una lista de las cosas que le gustaría hacer antes de morir.
Siendo un tema un poco escabroso, me hizo plantearme la cantidad de cosas que dejamos pendientes por no tener tiempo y/o ganas, y que finalmente pasan los días y no hacemos. Siempre me he preguntado si cuando te ves en esa situación y tras el impacto inicial que ello produce, y suponiendo que la enfermedad ya no tenga vuelta de hoja, actúas a lo loco intentando hacer realidad en pocos meses los sueños que has ido acumulando toda la vida… yo creo que cada persona reacciona de una manera diferente, pero lo cierto es que no sabes cómo hasta que no te pasa.
La chica de la peli decide no contárselo a nadie, sino grabar una serie de cintas de audio explicando toda la situación en la que se encuentra para que sus seres queridos las escuchen tras su muerte; yo no podría... Evidentemente, no lo iría pregonando por ahí porque no me gusta que se compadezcan de mí, pero necesitaría el apoyo al menos de mi familia. Por otra parte, no es justo que ellos no sepan que van a pederme de un momento a otro.
Inmediatamente imaginé cuáles serían mis últimos deseos, pero se me hizo un nudo en la garganta tan solo de pensar en ello. Creo que nunca deberíamos plantearnos este tipo de cosas, sino simplemente ir cumpliendo nuestros sueños porque sí… De todos modos, las cosas no son tan fáciles, parece que nos gusta que nos pongan entre la espada y la pared para reaccionar. Debe ser la naturaleza humana.
Así que dándole un poco la vuelta al guión de la peli, pensé más bien en qué cosas echaría de menos de mi vida, suponiendo que pudiera ser consciente de que ya no tengo vida… Es un poco estrafalario, pero supongo que me habrán entendido.
En primer lugar, mi familia. Esas comidas familiares en las que mis tíos y mi madre, con risa tonta, acaban recordando las mismas cosas de siempre de la calle en la que vivían y todos los demás escuchamos interesadísimos una y otra vez lo mismo, mi prima pequeña diciéndome que me quiere haciéndome peinados ridículos, yo mirando al cielo con cara de felicidad porque me he tomado un ron miel con limón (uhhhmmm)… no tiene precio.
Últimamente he adoptado la costumbre de ver pelis en mi portátil antes de dormir... yo sola, pudiendo emocionarme, reírme, llorar, o ver una escena 5 veces si me da la gana sin preocuparme de que nadie me vigile por el rabillo del ojo. Obviamente, también me gusta verlas en compañía, no se vayan a creer. Esto se hace extensible a enchufarme el mp3 mientras me dejo dormir. Es realmente increíble la cantidad de matices que cobra una canción cuando la escuchas relajada y sin ruidos exteriores de ningún tipo. También incluyo leer unas cuantas páginas de un buen libro justo antes de apagar la luz. No soy de las que se despalillan un libro en 2 días, me gusta disfrutarlos poco a poco.
Esos pequeños momentos de encontrarme conmigo misma: sentarme en un murito que hay en La Punta mirando el mar y la puesta de sol mientras pienso en mis cosas, tumbarme en la cama de noche mientras oigo la lluvia correr por el tejado… y esos otros momentos de satisfacción personal en los que recibes buenas noticias o te hacen feliz por los motivos más variopintos, como que has aprobado un examen, que has acabado la carrera, que has conseguido un trabajo, que un amigo que no ves desde hace tiempo viene a verte, que has reestructurado tu habitación y te gusta como queda (de esto sé mucho yo estos días), organizar un viaje, dar un paseo con mi madre por un sitio bonito, ver un email de alguien contándote cómo le va, recibir un sms sólo para contarte una chorrada o decirte que se han acordado de ti, etc.
La amistad, de todo tipo... los amigos que ves todos los días, los que ves de san juan a corpus y los que no ves casi nunca pero sabes que están ahí. Es tan importante tener gente al margen de la familia con quien puedas conectar espiritualmente, que creo que no podríamos ser felices sin ellos. Pasar una tarde con mis amigas de toda la vida recordando cosas y riéndonos por lo más simple del mundo; cenar con mis amigos de la facultad y salir luego a tomar algo; dar largos paseos o pasar el día con algún amigo/a mientras hablamos y nos reímos, ir de compras… o simplemente, pasar el rato. Resumiendo, tener personas que te acepten tal como eres. Afortunadamente tengo varias con las que sé que puedo contar cuando lo necesite, les mando un beso desde aquí.
Mis canarios… por Dios, ¿quién me conoce y no sabe que los echaría de menos? a Clorito (el de abajo jiji) y sus vuelos rasantes por la cocina y a todos sus hermanos con nombres de halógenos (con mis pajaritos soy muy freaky, lo sé…). Ahora hablando en serio, el mundo de los canarios es muy interesante, ¡no son cosas mías! jaja
Bueno, y otras muchas cosas, como la comida de mi madre, la salsa de 4 quesos gratinada de la pizzería Da’Stefano, el helado de turrón y el de vainilla con nueces de macadamia, la tarta de yema de Echeto, los plátanos fritos, las pipas con sal…
Y ustedes... ¿qué echarían de menos?
Besitos











1 comentarios:
Pues yo coincido contigo en muchas de las cosas que echaría de menos, supongo que como la mayoría de las personas: mi peculiar familia :)) (mi sobrinita, por supuesto); mis amigos, sobre todo los de toda la vida; la música; los libros; sin duda los viajes, todavía me queda tanto por ver...; en cuanto, a las mascotas tú sabes que los canarios no me atraen especialmente, pero podría echar de menos a mis tortugas, sólo que hace años que sufrieron un pequeño accidente, digamos que por interacción entre dos elementos incompatibles. Pobres!!
En fin, aún así yo más que plantearme qué echaría de menos si muriera, a veces me planteo como reaccionaría si supiera que tengo una enfermedad mortal. Supongo que es algo que pasa cuando pasas años y años rodeada de libros que sólo hablan de enfermedades y de personas que están enfermas, incluso me he hecho algo hipocondriaca. Conociéndome, y sabiendo que soy un poco radical creo que una de dos: o me hundo, o exploto al máximo mis últimos momentos. Evidentemente, prefiero esto último. Aunque es un poco escabroso, a veces pienso que si tu enfermedad te lo permite podrían ser momentos para disfrutar al máximo, sin prestar atención a las consecuencias, los prejuicios, el dinero...En fin, yo y mis locas ideas...
En cualquier caso, egoístamente, si algún tuviera que vivir algo así preferiría que fuera a mí a quien le pasara y no a los que están a mi lado, que opino que son los que más sufren.
En fin, también muy interesante. Ya sabes que yo y los temas escabrosos...;). Me estoy bajando la peli.
Besitos!!
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